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Ese lugar se llama Can Guillém, una finca del siglo XIX de paredes
encaladas, cubierta por árboles de Sabina y con barandillas de hierro
fundido, rodeada por jardines bellísimos de plantas aromáticas,
flores silvestres, y por todos lados pinos, algarrobos y olivos.

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Una finca reconvertida con todo el cariño el mundo en
hotel de agroturismo, por lo que conserva sus características más
agradables – en consonancia con el paisaje circundante. Se cultiva la tierra
fértil, ca. 40.000 m2, para producir hortalizas, legumbres y frutos variadísimos – limones,
cerezas y aguacates.
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